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Ciudad de Panamá (Vista desde el Casco Antiguo)

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Foto: Erasmo Prado R.

martes, 27 de enero de 2009

"Dos días junto a ti" (Tercera Parte)

Alguien me preguntó si era posible una tercera parte de esta historia, hoy le contesto a esa persona que sí fue posible... "Dos días junto a ti (Tercera Parte)"

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El camino fue solitario, oscuro, las miradas era negras y misteriosas, no habían rayos de farolas, ni noticias de la presencia de cualquier luz. Todavía lo veía muy lejos, así como dos días atrás cuando lo intentó alcanzar. Luchaba intensamente contra toda muestra de cansancio, contra las incertidumbres que lo acogían, y aún así seguía caminando, permanecía erguido ante las tinieblas del camino, y por dentro algo empezaba a despertar.

Los recuerdos invadían sus noches, aquellas en las que intentaba entrelazar los sinfines de los sueños con lo efímero de un pensamiento. Tiempo después, al cerrar los ojos las imágenes lo inquietaban, el poder del subconsciente y la debilidad del día convertían a la nada en el realismo de su otro significado, y viéndolo así, trataba de hablarle, de abrazarlo, de sentirlo nuevamente a su lado. Pero como polvo que se deshace con el viento, su imagen más adorada se desvanecía. Todo era un sueño, quizás un producto de sus intentos de lograr descansar tanto la mente como el cuerpo.

Su otro significado. Aquel ser que había causado en él los más profundos sentimientos, los más exquisitos placeres, los momentos más apasionados y llenos de lujuria, en que locos de pasión respiraban del mismo aire y vivían de segundos palpitantes, aquel mismo ser no escuchaba lo que un pecho enamorado le gritaba en la distancia. Y así, la tarde comenzaba a ahogarse en grises matizados, en lejanos blancos y próximas tempestades, mientras tanto él le seguía esperando aunque en el camino cada vez más se hacía lejano.

Aún tenía la droga de sus besos en sus labios, y en su dermis se impregnaba la poción del último abrazo, y levemente se dejaba sucumbir ante tan inexplicables sensaciones, incluso pensaba que ese ser no era real. El miedo quería apoderarse de su razón, pero una duda no dejó que eso sucediera. Se preguntaba si la vida podía invertir los caminos de una persona que se iba por los bosques del mundo y el de otro que no pretendía trazar pedazos de su vida, sino que en una obra completa inmortalizarlos a los dos.

Su mente lo desnudó con lo que sus ojos alcanzaban a ver, ahora un poco más cerca que antes. No sabía si era un sueño, si era real, o si se trataba de una nueva droga para el corazón. Una extraña fuerza lo levantó de entre los escombros de los recuerdos, lo elevó y logró sentir la tierra nuevamente en sus pies. Pero como si fuera un intento en vano, esa misma fuerza poco a poco se iba de su lado. Solo fue un instante, un breve paso de algo que trajo el viento. Le pidió perdón a los cielos por haber quebrado las promesas de su pasado, y el mismo viento que lo había levantado lo volvió a tumbar, ahora estaba en casa otra vez.

Algo empezaba a despertar. Silencios, muebles polvorientos, fotografías, harapos en el suelo, libros de intermedio, huellas en las sábanas, sinfonías lejanas, copas entintadas, imágenes de medianoche, palabras olvidadas, besos, caricias… su cuerpo… él. Sus manos se calentaron lentamente, desapareció por completo lo níveo de cuerpo, y un rayo de sol iluminó sus cabellos, sus brazos, sus piernas. Y cuando el mismo haz de luz llegó al suelo, la silueta de otro cuerpo se manifestaba ante él.

Un sonido extraño lo llevó hasta la entrada de su morada. Corrió desesperadamente hasta ver que las cadenas que lo mantenían dentro estaban en el suelo, fue entonces que una irremediable nostalgia se asomó en sus ojos, los árboles enmudecían su presencia, y a la orilla de la noche las gotas anunciaban una armonía mística jamás escuchada, que simplificó su existencia y la redujo hasta el estable calor de un cirio encendido.

Desafió toda su triste espera, y en ese momento definitivo trajo desde lejanías de tiempo y espacio, hasta la quietud hipnótica de su infinita soledad, la imagen tenue de su amado ausente, pretendiendo aproximarse con sagrado gesto ante tan imponente evocación de su desnudez para experimentar nuevamente las sensaciones compartidas en las noches cubiertas de entrega total, pero cuando quiso besar sus labios de semi-dios, el recuerdo más amado se esparció en infinitos fragmentos.

Era cierto que el tiempo, que tanto lo había olvidado, no habría de suturar los desgarros de su corazón, ni mucho menos alojarse en su estado de ínfima soledad le procuraría alcanzar el amor tal como lo había sentido en sus manos días atrás. Lo que había vivido no era más que el espantoso anuncio de una despedida jamás deseada. Mientras que sus manos sostenían las cadenas que lo separaban del otro mundo, desde sus adentros alcanzó a gritar a las alturas…

No cambies más mis pasos,
no transformes mi camino,
que si esto es lo que he escrito,
lo que ha brotado de mis manos,
no lo tengas hoy por escondido,
procura aunque sea un poco amarlo,
incluso más allá del infinito.

A su alrededor todo se desvanecía, esta vez el camino era distinto, no sabía cuándo llegaría a su fin, ni cuándo sus pasos terminarían de andar.

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Para leer la primera y segunda parte, hacer click en los siguientes enlaces:

- Dos días junto a ti (Primera Parte)

- Dos días junto a ti (Segunda Parte)

1 comentarios:

Anónimo dijo...

He leido "Dos días junto a tí" las tres partes e imagino por lo que dice la tercera que habrá (tiene que haber una cuarta parte), así que la ansiedad me mata por leerla.
Es tan especial, sublime y sentimental lo que escribes que me transporto al escrito como si viviera lo que tú.
Nuevamente felicidades, creo que debías explotar tu gusto por escribir y hacer un libro. Anímate.