¿Somos como Él?

Todo mi bachillerato lo hice en un colegio católico, donde todas las semanas íbamos a misa, donde una o dos veces a la semana nos impartían clases de religión, una o dos veces al año íbamos a retiros espirituales, a los llamados "EJES" (Ejercicios Espirituales), con el objetivo de estar en paz con uno mismo y estar en paz con el ser supremo: Dios.

Desde muy niños, en casa, incluso en el colegio, nos enseñaron que el ser humano está hecho a imagen y semejanza de Dios, y que por lo tanto, nuestras acciones durante nuestro paso por la vida serían cuidadosamente observadas por Él, por todos los santos y una gran compañía de ángeles, arcángeles y seres celestiales.  Si haces algo mal, recibirás un castigo, si actúas y haces el bien, ganarás escalones al cielo, o quizás, estarás más cerca de Dios y todos los demás seres.

Pero con el paso del tiempo, nos vamos dando cuenta que el ser humano no es Dios. Si hay un ser que quiso que nosotros fuéramos una imagen de él, pues lo estamos defraudando, porque considero que no somos ni la quinta parte de lo que muchos catalogan como la "imagen de Dios".  Dirán que me estoy metiendo en una camisa de once varas, por estar diciendo estas cosas, pero ya verán por qué lo digo. No creamos discordia, que no estamos para eso.  Les cuento... 

Ya mencioné arriba que por esta vida solo estamos de paso.  En este planeta que llamamos "nuestra casa" solo permanecemos por un período de tiempo y después pasamos a ser parte de ella físicamente, espiritualmente quizás pasemos a otro plano, a otra dimensión, a otros mundos, no estoy seguro.  Pero de lo que sí estoy seguro es que todo lo que hacemos aquí, hoy, influye enormemente en lo que será de nosotros el día de mañana.

El ser humano se está auto-destruyendo, basta con levantar la mirada y observar lo que sucede a nuestro alrededor.  Eso no es ser imagen y semejanza de Dios.  No entraré en detalles de por lo menos lo que sucede en nuestro istmo, porque ya saben que la lista es extensa.  Hay que cerrar los ojos y hacer una introspectiva sobre qué es lo que estamos haciendo nosotros para que lo que está en nuestro entorno funcione bien y camine por los mejores caminos.  Tanta violencia, tantos insultos, el odio y la maldad cada vez más van creciendo y no solo entre nosotros mismos, sino con todo lo que habita en esta tierra.  Eso no es ser imagen de Dios.

Me enseñaron que ÉL es un ser justo, misericordioso y bondadoso, que no castiga, que siempre perdona, que está a nuestro lado en todo momento y que nos ayuda a reflexionar sobre nuestra misión en esta vida.  Estamos siendo todo lo contrario a eso que me enseñaron de él.  El paso por la vida no es ir a un supermercado y comprar lo que más nos guste y sacie nuestro apetito, sin importar el precio de lo que cuesten esas cosas.  El paso por la vida es disfrutar de los momentos a solas o compartidos, es valorar y querer a nuestra familia, a nuestros seres queridos, y hasta a nuestras mascotas, esas son cosas que nos hacen verdaderamente ricos, cosas que alimentan nuestro espíritu, pero no lo estamos haciendo, eso no es ser imagen de Dios.

En definitiva, el hombre no es Dios, y por lo que estamos viendo, Dios no es como nosotros.  Si queremos llegar a ser como Él, si queremos llegar a parecernos a un ser supremo, a un ser de luz, entonces tenemos que cambiar nuestro actuar y nuestro proceder.  Sea cual sea tu religión, sea cual sea tu creencia, olvidémonos de los dogmas, de los libros y de todo eso, porque sabemos bien que en todas las experiencias que vivimos y todas las batallas que enfrentamos, tendremos la compañía de ese alguien, que aunque no lo veamos, estará a nuestro lado dándonos fuerza, confianza y serenidad para seguir adelante.

Algunos pensarán que ser imagen y semejanza de un ser supremo no es fácil, pero tampoco es algo imposible. Ser justos y bondadosos no es complicado, hacer el bien no es difícil.  Si queremos ser como Él o ellos, debemos cambiar, como lo dije, desde nuestros adentros, respetando nuestra casa y aprendiendo a escuchar incluso en el silencio, aprendiendo a observar incluso en la oscuridad y aprendiendo a querer incluso en los tiempos más difíciles.  No es difícil.  No somos Él, pero al menos hagamos el intento.

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