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Ciudad de Panamá (Vista desde el Casco Antiguo)

Ciudad de Panamá (Vista desde el Casco Antiguo)
Foto: Erasmo Prado R.

sábado, 18 de octubre de 2008

De otro diccionario: "Soledad"

No quería hablar sobre la soledad, pero a veces es necesario. Su significado no lo encontré en el “Diccionario de la Sexualidad”, ni en los inmensos tomos que tengo en mi biblioteca, ni mucho menos en ninguna de las páginas de las enseñanzas de mis progenitores. Anda caminando por las calles de nuestras vidas, nos lleva de la mano durante mucho tiempo. Nacemos solos, morimos solos, pero compartir con otra persona ese período de tiempo entre nacer y morir hace que el camino sea más llevadero. No pretendo, con este escrito, hacer un elogio a la soledad, mucho menos construirle un altar, pero es en esos momentos de nuestras vidas en que podemos encontrar respuestas a muchas de nuestras incógnitas.

Aquí estoy, con la sonrisa fingida
que me dejó tu partida,
como un verano sin sol.
Aquí estoy, sin la mitad de mi vida,
un callejón sin salida,
viendo la vida pasar,
aquí estoy…


Hay etapas en nuestra vida que se caracterizan por ser importantes para pasar de una relación a otra: el duelo, el sentimiento de culpa, los constantes “por qué”, los momentos en que a oscuras lloramos, nos lamentamos, el proceso de salir lentamente de ese letargo, el pensar “siempre vendrán tiempos mejores” o “me quedan los bonitos recuerdos”. Se convierten en bloques que poco a poco construirán nuestra manera de ver la vida y la forma en que desarrollaremos una próxima relación. Hay quienes superan las cosas más rápido que otros, pero tampoco es que tendremos una nueva pareja inmediatamente después de pasar por estas etapas.

Aquí estoy, cantándole a la fortuna,
soñando con tu cintura,
con lo que nunca será.
Aquí estoy, enredado con la duda,
durmiéndome con la luna,
despertando con el sol.


Y podría seguir escribiendo sobre cómo se siente una persona cuando pasa de una compañía física y sentimental a la compañía de la soledad, a la que muchos la tomamos como un peso inmenso que tenemos en nuestros hombros, y no como algo que nos ayudará a reflexionar. Viéndola positivamente, la soledad no es separación, es una unión con nosotros mismos, en la que podremos resolver nuestros conflictos internos (si los hay), es unirnos a nuestro propio ser, a nuestra alma, y a partir de ese diálogo interno, de esa unión estable con mi “yo” poder llegar al otro.

En otras ocasiones ocurre que aún estando en compañía de alguien nos sentimos solos, es una soledad más dura y difícil, porque sentimos que del otro lado no hay respuesta o “feedback”, es como cuando mandamos un mensaje y no hay confirmación de vuelta; se podría traducir en una compañía que no nos hace bien y que por eso nos hace sentir solos.

Lo importante es que cuando nos acompaña la soledad no nos llenemos de odio ni rencores, lo que sucedió en el pasado siempre estará en nuestras mentes, y aunque intentemos olvidar, siempre llegarán esos “flashes” que nos ayudarán a seguir adelante, o (si lo permitimos) nos dejarán congelados en ese instante del tiempo.

¿Cuánto dura la soledad? Podemos presentirla, pero no sé cuánto dura ni mucho menos sé la fecha exacta en que llegará o en que partirá. Más que saber su duración o sus fechas, debemos prepararnos y sobreponernos, saber sacudirnos las rodillas y seguir el camino. Es difícil, no en todos toma el mismo tiempo, pero se logra. No quería hablar sobre la soledad, cuesta… pero ayuda.

Aquí estoy, curándome las heridas
Durmiéndome con la luna
Despertándome con el sol
Aquí estoy…


(Las estrofas son de la canción “Durmiendo con la luna”, del grupo ‘Elefante’)