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Ciudad de Panamá (Vista desde el Casco Antiguo)

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Foto: Erasmo Prado R.

lunes, 5 de enero de 2009

¿Cómo exigir nuestros derechos?

Un ‘anónimo’ me comentaba en la entrada “El Derecho a la Orientación Sexual como un Derecho Humano”, que si no exigíamos nuestros derechos nadie más lo haría (cuestión en la que estoy totalmente de acuerdo), y me preguntaba cómo hacer esto. Un claro ejemplo de cómo reclamar y exigir nuestros derechos, en especial el Derecho a la Orientación Sexual, nos lo ha brindado el grupo de 66 países (y que en la lista no está Panamá), que el pasado 18 de diciembre presentaron ante la Asamblea General de las Naciones Unidas la “Primera Declaración sobre Orientación Sexual e Identidad de Género” (hacer clic aquí para leer declaración completa).

Otro ejemplo de esto es que en el marco de la celebración de los 60 años de la Carta de la Organización de los Estados Americanos, la 38ava. Asamblea General de la OEA del 3 de junio de 2008, aprobó por consenso la resolución AG/RES-2435(XXXVIII-O/08): “Derechos Humanos, Orientación Sexual e Identidad de Género” (para ver resolución hacer clic aquí), presentada por la delegación de Brasil, y consensuado por los 34 países de América. Este texto que reconoce la grave situación de violaciones a derechos humanos que enfrentan las personas a causa de su orientación sexual e identidad de género, coloca al Sistema Regional de las Américas, como el segundo después del europeo, en reconocer la importancia de manifestar un claro compromiso político por parte de los Estados miembros y de asumir la realidad de la exposición a violaciones de derechos humanos enfrentada por las personas GLBTTTI (gays, lesbianas, bisexuales, travestis, transexuales, transgénero e intersex).

Como vemos, los avances en los procesos para el reconocimiento de estos derechos se están dando, sin embargo, toma su tiempo en concretarse debido a múltiples factores que ya hemos discutido anteriormente. El hecho de que las palabras “derechos”, “orientación sexual” e “identidad de género”, cada vez estén más cerca, no debe ser motivo para claudicar en esta lucha. Construir una idea positiva de la inclusión de los derechos sexuales en las categorías de los derechos humanos y usar eso como fundamento para una nueva comprensión de la dignidad humana es la nueva tarea que han de enfrentar todos aquellos que trabajan en los diversos campos relacionados a la sexualidad, a los derechos humanos y a la salud (tarea en la que me incluyo).

Para transformar todas estas palabras en una realidad, será necesario construir una verdadera coalición que trabaje en pro de un cambio político y social progresivo, que pueda replantear los derechos y la salud sexual como cuestiones de justicia social. Se necesita encontrar las formas de crear puntos de unión entre los movimientos GLBTTTI de todas las naciones (en este caso de América), de aquellos que trabajan con salud sexual y reproductiva con los que trabajan el tema del VIH/SIDA, entre los que son segregados (para que se hagan escuchar) con los que ya gozan de muchos derechos, un puente entre la comunidad no-heterosexual y aquellos que están del otro lado y que toleran y aceptan la diversidad sexual.

Promover una educación integral en la que se establezca un conjunto claramente definido de principios y conceptos en los que se incluya no solo la igualdad de derechos que debe existir entre los seres humanos sin distinción por razón de su orientación sexual, ni ningún otro tipo de discriminación, sino también en la que se demuestre la capacidad de los individuos de convivir en una sociedad en la que no exista opresión por género, en la que no exista la homofobia, las torturas innecesarias, injusticias, exclusión, violencia sexual, ni mucho menos la pena de muerte por poseer una orientación sexual diversa; eso también es una forma de exigir nuestros derechos.

Los documentos y declaraciones que ya les he mencionado son el resultado del esfuerzo de aquellas personas que están empezando a conformar aquella coalición amplia y solidaria que trabaja y actúa para lograr una estructura conceptual inclusiva, afirmativa, científica y socialmente justa, para ofrecer a todos los hombres y mujeres la oportunidad de vivir en un mundo en el que en un futuro (espero que no sea muy lejano) cada quien pueda convertirse en sujeto de su propia sexualidad y en autor de su propia historia sexual, sin sentir el miedo el temor que hoy es producto de muchos que ven con una molestia particular la existencia de alguien según ellos “diferente”. ¿Podrá nuestro país formar parte de esta coalición? ¿Alguno de ustedes quisiera incluirse y participar en esta tarea?