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Ciudad de Panamá (Vista desde el Casco Antiguo)

Ciudad de Panamá (Vista desde el Casco Antiguo)
Foto: Erasmo Prado R.

martes, 11 de mayo de 2010

Lo que queda de Calle 50

Lo que queda de Calle 50 no son más que gigantes de concreto, pesadumbre de hollín transitando por los vastos y negros caminos, los caminantes que la cruzan sin perdón de los minutos faltantes para la hora de entrada, o los que se van sin contar las horas que llevan de más a sus casas. Ya se fue aquel desfile de luces y alegrías de niños y niñas, cuando veían pasar las alegorías de la veintena de imaginativos momentos de fiesta y celebración. Lo que queda de Calle 50 son las decenas de intermitentes aparatos "inteligentes" que controlan la fluidez de los que van a más de 60 kilómetros por hora, otros bajo la luna ya ni les prestan atención.

De copa en copa se veían las alas de los que nido buscaban, de los mínimos que se protegían de algún predador, incluso hasta vagabundos de ventas de semáforos bajo las inmensas sombras verdes se resguardaban del gigante amarillo. Ya no queda eso... lo que queda de calle 50 poco a poco lo perdemos.


Lo que en algún momento fue una mansión de ensueños, de poderíos lejanos, rodeada de los más frondosos y vetustos gigantes verdes, dejó de existir para darle paso a las raíces de los que nos dan aliento de vida todos los días... ahora ni ellos existen. Lo que queda de Calle 50 no es más que el reflejo de rayos incandescentes sobre espejos negros y grises, lo que queda son recuerdos de una de las calles más importantes de nuestro país. Ahora de sus aceras se elevan cientos de cuadrantes refrigerados que albergan a toda clase de individuos... Es inexplicable el cambio, hasta en la minúscula esquina los levantan sin ningún tipo de miedo.

Estas imágenes que muestro aquí las tomé desde el sexto piso de un edificio crecano, es lo que queda del pequeño bosque urbano que existía en lo que queda de la Calle 50 (entre la antigua Mansión Danté y el Banco Aliado), un pequeño pulmón natural que ayer destruyeron, hoy estamos necesitando y en el futuro nos hará mucha falta. Las autoridades hacen caso omiso de nuestras voces de protesta y solo responden a intereses personalísimos, políticos o económicos. Si no actuamos hoy, mañana será demasiado tarde... lamentablemente estos árboles no volverán a crecer, y los que quedan hay que protegerlos.