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Ciudad de Panamá (Vista desde el Casco Antiguo)

Ciudad de Panamá (Vista desde el Casco Antiguo)
Foto: Erasmo Prado R.

miércoles, 24 de junio de 2009

Mecanismos de defensa

Nuestro sistema inmunológico siempre va a necesitar la ingesta de alimentos que contengan las vitaminas y minerales necesarios para producir las defensas que nos protegerán de virus e infecciones. Con los cambios de clima tan drásticos en nuestro país, es propicio el ambiente para que estas enfermedades se reproduzcan y se transmitan mucho más rápido de persona a persona. Por esa razón debemos mantener al día la colocación de vacunas que creen anticuerpos en nuestro organismo, las medidas de higiene y los cuidados necesarios, y así defendernos mejor de los ataques de los virus, como el del resfriado común.

Todo lo que he dicho anteriormente es desde el punto de vista médico y dándole importancia a la salud que cada uno de nosotros debe cuidar y proteger. No hablaré de la defensa legal, ese es otro tema. Lo que quiero conversarles es que existen otros tipos de defensas que muchas veces olvidamos y no le damos la importancia necesaria como para que nos ayuden a enfrentar situaciones y momentos en los cuales nos sentimos indefensos, o sin esa auto-ayuda que nos sirva de aliento para seguir adelante.

Las situaciones inesperadas siempre están a la orden del día, y es allí en que no sabemos cómo actuar ni como reaccionar. Dependiendo mucho de lo que nos suceda nos podemos dejar llevar por los nervios, el miedo, la molestia o la incomodidad, y no pensar en cómo defendernos a nosotros mismos de esas reacciones naturales del propio ser humano, y de esa manera demostrarle a los demás que sabemos controlarnos de una manera sana y coherente.

El clásico “balde de agua fría” o “el puñal en el corazón”… no sé si llamarles fenómenos, sentimientos o síntomas, que nos invaden cuando escuchamos, observamos o simplemente percibimos cosas de las cuales no esperábamos ver, sentir ni escuchar, pero suceden; y estos son los ejemplos más comunes en los que vamos a necesitar “auto-defendernos” con lo que tengamos en nuestra mente y en nuestro interior, no en nuestras manos, porque no se trata de violencia, sino de un actuar con cordura y madurez para luego proceder a tomar la mejor decisión.

Lo que caracteriza el hecho de que nos tengamos que defender es que casi siempre es en momentos tristes que de una forma u otra nos afectan, nos deprimen, nos hacen apartarnos de los demás y buscar un refugio en nuestro ser y tratar de respondernos nuestras propias preguntas. Es entonces en que nuestro sistema inmunológico se debilita y va a necesitar de la ayuda de quienes nos rodean, de los que nos aprecian y nos quieren (familia y amigos) para darnos la fortaleza y el empuje para salir de ese refugio y poder enfrentarnos a otras tantas situaciones inesperadas, que más que hacernos débiles, nos harán más fuertes cada día, y más capaces de poder sacudirnos las rodillas, levantarnos y seguir adelante.

Pase lo que pase… no debemos bajar nuestras defensas.