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Ciudad de Panamá (Vista desde el Casco Antiguo)

Ciudad de Panamá (Vista desde el Casco Antiguo)
Foto: Erasmo Prado R.

miércoles, 29 de junio de 2011

INTOLERANCIA

Hola, amigos lectores:

Mi ausencia por este espacio desde hace algún tiempo responde a mi asistencia y participación en diversos eventos y situaciones que me han permitido analizar mucho más y llegar a conclusiones sobre los momentos que estamos viviendo en nuestro país actualmente, los cuales iré compartiendo poco a poco con ustedes.

Dejando esto a un lado, a continuación posteo un artículo publicado en el Diario "La Prensa" el día de hoy, cuyo autor es Roberto Quintero. Estuve en el lugar de los hechos, y les confieso que me sentí igual que el autor de las siguientes líneas...

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¿Armas contra los derechos humanos?

El sábado 25 de junio fui testigo de una escena escalofriante. La comunidad gay panameña realizaba un evento en el parque Andrés Bello de la Vía Argentina, como cierre de la marcha del Orgullo Gay. Sin embargo, no tenía permiso para ocupar todo el parque, por lo que la manifestación ocurría en la plazoleta donde está la fuente, a pocos metros de la entrada principal.

Lo triste y lamentable es que eran custodiados por unos seis agentes de seguridad fuertemente armados, que delimitaban con sus armas y su actitud amenazante el perímetro del parque que los gais podían utilizar.

Es ofensivo y discriminatorio que un grupo de panameños que conforman esta sociedad tenga que luchar por sus derechos, velados por armas de fuego y acechados por el uso de la fuerza, como si en este país reunirse fuese un delito. ¿No estamos en democracia?

Es injusto e inaudito que no se les permitiese el uso completo del parque. Me sentí como en medio de la Alemania nazi. Yo, con mi ropa de hacer ejercicios, pude atravesar el perímetro impuesto por estos “agentes” y sus armas, y gozar plenamente del área verde, como lo hacían muchos otros panameños que allí estaban. Pero la comunidad gay estaba cercada y arrinconada, obligada a disfrutar de apenas unos 30 metros de parque.

¿Acaso somos distintos? La Constitución nos ampara para ocupar el espacio del territorio nacional que queramos. El parque se mantiene con mis impuestos y con los impuestos de ellos también. Con los impuestos de todos. ¿Por qué los gais no lo pueden usar entonces?

Lo más grave del hecho es que la fuerza armada protagonista de la injusticia no pertenecía a la policía. Esto amerita una investigación y esclarecimiento público. ¿Quiénes eran y qué intereses cuidaban? Era una fuerza armada sin identificación alguna. La Policía Nacional, que siempre está presente en el parque, estaba representada por dos oficiales que se mantuvieron ajenos a la escena en todo momento. Eran seis personas con armas de grueso calibre, pero sin el distintivo oficial de la policía o de la fuerza a la que pertenecían. Cinco estaban de uniforme marrón oscuro que solo decía “Seguridad” en letras amarillas. El otro, que apareció en fotografías y videos tomados por varios medios, estaba uniformado de camuflaje verde y un pasamontañas negro que cubría su rostro; armado con escopeta de doble cañón y exhibiendo las municiones que llevaba colgadas del cuerpo. ¿Miembro de algún grupo paramilitar? ¿De alguna división Swat anónima?

Al calor del ajetreo, le pregunté a Ricardo Beteta, dirigente de la comunidad gay, quiénes eran esos agentes que les impedían el paso. Respondió que eran policías municipales. Yo creo que se trataba de alguna fuerza de seguridad privada y un civil armado, actuando al margen de la ley, lo que es muy grave. Pero el Municipio es un buen lugar para ir a preguntar ¿quiénes eran “los agentes” y por qué era necesaria su presencia? ¡Y en qué momento comenzaron a invertir nuestros impuestos en esta nueva división contra los derechos humanos! La intolerancia me da asco, aquí, en China y en Tandamandapio. Panamá, líbrate de ella.

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Hay más aspectos que conversar sobre todo el desarrollo de la 7ma Marcha por la Diversidad Sexual... Espero sus comentarios.

Un abrazo.