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Ciudad de Panamá (Vista desde el Casco Antiguo)

Ciudad de Panamá (Vista desde el Casco Antiguo)
Foto: Erasmo Prado R.

miércoles, 23 de junio de 2010

Sobre la Paz, la democracia y algunos tiranos

Luego de haber presenciado por televisión, aquel lluvioso domingo, en que la “sociedad” se levantó y caminó unos cuantos kilómetros por la paz, y observar como ministros y autoridades acompañados por el “manda más” de sus designios apareció en escena dando declaraciones públicas y prometiendo tiempos de paz sin violencia, comencé a sentir cierta tristeza y desconsuelo por los tiempos que quizás han de venir para nuestro pueblo. Al haber escuchado a alguien con tanto “poder” decir que en tres años va a terminar con la violencia en esta esquina del mundo me hace pensar que algo tan preciado como la PAZ, o se está convirtiendo en un botín político (como las famosas promesas de campañas políticas), o es que muy dentro de sí aún existe algo de coherencia para solucionar los grandes achaques de la tan golpeada cintura ístmica; porque, les digo la verdad, aún dentro de la misma sociedad no veo el interés suficiente para gritarle a este gobierno lo que realmente queremos.

Hay respuestas muy claras a preguntas tan simples. Los que queríamos y aún guardamos las esperanzas en un país desarrollado, con mejor distribución de las riquezas, con más trabajo, con más seguridad, y con VERDADEROS CAMBIOS, hemos visto como día a día la antigua República de Panamá se ha convertido en Panamá, S.A. (como muy atinadamente ha dicho Mabel): impuestos más altos que responden única y exclusivamente a enriquecer a las multinacionales que poco a poco compran el país, destrucción desconsiderada de áreas verdes para levantar sin pena ni gloria a gigantes que albergarán las oficinas de esas mismas empresas quitándonos el poco oxígeno que nos queda, grandes problemas burocráticos en la administración pública y de justicia que por más quejas que se impongan continúa siendo lo mismo… al pueblo no lo escuchan, es simple, lo envenenaron con politiquerías para luego darle la espalda.

¿Se han preguntado cómo vive el campesino sonaeño? Yo les puedo decir cómo: prácticamente a orillas de la carretera, con un terreno de unos cuantos metros cuadrados, alejado por completo de tierras que le permitan crecer y producir alimentos para auto-sostenerse, con un salario por debajo del mínimo, muchas veces sin acceso a una educación digna ni a servicios de salud oportunos… ¿Esto es democracia? ¿Eso es paz? Parece que a alguien se le han olvidado sus verdaderas raíces, que aunque diga que nació siendo panameño no le permite a su memoria volver a su tierra y mejorar la calidad de vida de “sus campesinos”. Urracá ha de estar revolcándose con tal de volver a defender a su pueblo de las tiranías modernas y despiadadas.

Amanece y nuevas leyes nos gobiernan, desaparecieron los madrugonazos (dicen algunos) pero persisten las ínfulas de grandeza en muchos de los “disputados” para aprobar en forma indiscriminada e inconsulta, normas que ponen en gran peligro nuestra tan añorada DEMOCRACIA. ¿De qué vale escribir esas letras si afuera niños se matan entre sí? ¿De qué vale proteger a unos cuantos que cometen delitos si entre ellos mismos está el cáncer de la corrupción y la violencia? ¿Hasta cuándo tenemos que soportar un transporte de un país del tercer mundo? Escucho la organización de muchos foros, congresos, reuniones, marchas, pero no vemos resultados tangibles y concretos de lo que el pueblo reclama y demanda. Ya muchos están despertando del letargo politiquero de mayo de 2009, en los que muchos se dejaron llevar por los números y no por las esperanzas en un mejor Panamá.

Construir las bases fuertes para alcanzar un verdadero estado de paz no debe ser un plan de gobierno sino objetivos de Estado, los cuales deben ser velados por todos los ciudadanos. Ojalá llegue el día en que este pueblo recapacite y haga valer aquella Democracia por la que en tiempos de Independencia luchamos incansablemente, y nunca permita que alguien, por el solo hecho de hacerse más rico, ponga sus intereses por encima de nuestra paz y nuestra democracia.