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Ciudad de Panamá (Vista desde el Casco Antiguo)

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Foto: Erasmo Prado R.

lunes, 6 de abril de 2009

La vieja guardia

Así le llamaba mi abuelo a su grupo de amigos o a su gavilla en los tiempos en que sus años eran más jóvenes. Se refería aquel grupo de muchachos con los que iban al río a darse un chapuzón, con los que se iban de caza a las montañas, a aquel grupo que se reunía en el parquecito a esperar a que sus novias llegaran para ir a tomar malteadas o caminar por las aceras faroleras de la noche mientras seductoramente las cortejaban.

La vieja guardia de hoy ya no es la misma de hace décadas atrás. Hoy hay muchos “grupos de amigos” que se reúnen para hacer algo más que una simple fiesta, aprovechándose del verdadero significado de amistad promueven formas de pensar y actuar que en la mayoría de las veces hacen más mal que bien. Algunos poco a poco se van alejando de estos grupos, otros quedan sumergidos en los humos cegadores de reuniones nocturnas. En el proceso de crecimiento, durante la adolescencia, hay quienes se les hace más fácil ingresar a estos grupos. Otros, sin embargo, prefieren hacer pocas amistades que estar rodeados de tanta gente. Pero analicemos y anotemos algunas cosas que sucedían en “La vieja guardia” de hace casi 6 años atrás.

Aquellos salían a las discotecas los miércoles, los viernes y los sábados. El grupo estaba conformado por casi 15 personas, y esas 15 personas conocían a otros, que por motivos ignorados por los nuevos, no se sabía por qué no ingresaban al grupo. Como un club social, entrar al mismo conllevaba el pasar filtros de aceptación, sobrevivencia, cierto grado de respuesta rápida a situaciones inesperadas, eso sin contar el hecho de soportar en vela varias noches de farra, y llegar a casa a expensas de con quién estaba saliendo o conviviendo el “nuevo” con el “viejo” del grupo. Los domingos por lo general eran días de mar, en donde el sol evaporaba lo volátil de los cuerpos, la música alta seguía ensordeciendo los pensamientos, y el cansancio no encontraba dónde recostar sus pesares. No sabían si existía el amor, y las discusiones estaban hasta en la esquina de cada calle. “Carne fresca”, así le llamaban a los nuevos, mientras los de afuera del grupo acechaban por llevarse tan jugoso premio… ya se podrán imaginar todo lo que tenía que vivir ese personaje. Mientras tanto, del otro lado de la vida de los miembros del grupo, trabajos bien remunerados, hermosas propiedades, autos auto-costeables e innumerables detalles formaban parte de lo que mostraban a la luz del día. Con eso y un poco más podían adueñarse de la ciudad en el momento en que quisieran. La mayoría ya habían culminado sus estudios superiores, otros solo se dejaban llevar por el arrastre y las sombras de los demás.

Estas son solo las cosas visibles; si los nuevos no se ganaban al grupo, su vista iba a estar limitada a lo que los demás permitirían que viese, lo que no podía ver… pues, es mejor no describirlo. Hay muchos que han formado parte de “La vieja guardia”, quizás mientras eran más jóvenes, o a lo mejor la vieja guardia apenas se está conformando. Independientemente de las cosas buenas o malas, lo importante son las lecciones que les quedan a los nuevos de todas esas vivencias.

Yo aún recuerdo y me he encontrado con algunos de los miembros de mi vieja guardia. Yo seguí mi camino y ellos el suyo, y aún hoy se siguen reuniendo. Sería bueno saber sus anécdotas si han tenido algún grupo de amigos, recordemos que ellos influyen mucho en nuestras vidas.