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Ciudad de Panamá (Vista desde el Casco Antiguo)

Ciudad de Panamá (Vista desde el Casco Antiguo)
Foto: Erasmo Prado R.

viernes, 22 de agosto de 2008

Para aquellos que pretenden olvidarse de la historia

Este artículo decidí publicarlo anoche, luego de ver en las noticias que "El Ejecutivo" había aprobado una serie de leyes sobre la seguridad nacional y la creación de ciertos organismos. No pude conterme y dije: -Esto va para el blog-. Las siguientes líneas las escribí hace aproximadamente un mes para una presentación en la Universidad; ya verán que son temas de los que siempre debemos y tenemos que hablar...

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La historia de nuestro Panamá ha sido una de las historias más complejas y luchadoras en el área centroamericana. Desde los tiempos del descubrimiento por parte de los españoles, la crueldad con que llegaron a colonizarnos y su incesante necesidad de adueñarse de nuestras tierras, hasta finales del siglo pasado, en donde la palabra “soberanía” se había convertido en un estandarte para auto-protegernos y defendernos de fuerzas extranjeras que veían en Panamá un atractivo, no sólo por su posición geográfica, sino por muchas de las facilidades que nuestros gobiernos les han brindado, entre esas, el aspecto militar.

En los últimos 20 años, las guerras modernas han causado un gran impacto a nivel mundial. Guerras iniciadas por grandes potencias y su recurrente esfuerzo por mantener la doctrina de su expansionismo e intervencionismo geográfico, económico y militar. Los países latinoamericanos y los del hemisferio oriental, han sido los que más se han visto afectados. Sin embargo, sabemos muy bien que todo gigante tiene su punto débil y es desde allí donde debe empezar a caer ese gigante. Muestra de esto es el terror que dejó en tierra norteamericana el alcance que tuvo los ataques que demolieron puntos estratégicos de aquella “fuerte economía”.

En el caso de Panamá mucho se ha cuestionado y hablado sobre si tenemos o no la capacidad para enfrentar este tipo de actos o, magnificando la situación, una guerra que fácilmente podría borrarnos del mapa. En los años de 1980, lo que nos protegía y defendía nuestra gloriosa soberanía era una fuerza pública que, a escasos esfuerzos se podía mantener en pie, dando como resultado su abolición, luego del encuentro que tuvimos con el gigante ‘gringo’ en Diciembre de 1989. Una farsa, una excusa para intervenir en nuestro país fue lo que pudimos vivir en ese capítulo de nuestra historia. ¿Sería esta la última de tantas intervenciones? ¿Se irían para siempre y no más volver? o ¿Era solo el presagio y el anuncio de algo mucho peor para nuestro futuro?

Lo que estamos viviendo en la actualidad ya se había anunciado. Lastimosamente, el dicho de “a palabras necias, oídos sordos” no se hizo realidad. Ahora, los oídos están escuchando mucho más, y las palabras son tomadas mucho más en cuenta, al menos por lo que estamos pisando tierra y siendo realistas ante las situaciones que últimamente se están dando en nuestro país.

Las intenciones de nuestros gobiernos (digo “nuestros” porque aunque muchos no lo acepten, todos los gobiernos están del mismo lado), son más claras que un cielo despejado, pero hasta un cielo despejado puede tener un nubarrón que no nos permita ver más allá de lo que queremos ver. Resulta muy particular que estos temas vuelvan a resurgir, mucho más en nuestra juventud, la parte más pensante y evolutiva de nuestra sociedad; pero no podemos esconder la necesidad generar cambios que realmente mejoren nuestro país.

Nuestra “Fuerza Pública” es ahora objeto de consecutivas opiniones por parte de grandes sectores que pueden llegar a ejercer una influencia positiva en nuestro incierto futuro. Hoy, nuestras fronteras son nuestros puntos débiles, y como un país que crece a ritmos vertiginosos, es ese punto que debemos proteger más que nunca, sin olvidar nuestra obra más importante, aquella que le sirve al mundo entero mediante la conexión de los dos mares. Nuevamente se ha presentado la intención supuestamente beneficiosa de ayudarnos a proteger esas fronteras. Reuniones enmascaradas, visitas repentinas, encuentros bilaterales, etc., son solo el anuncio, como lo mencioné anteriormente, de un cambio en la forma de manejar nuestra política de seguridad nacional.

Parece que nuestros gobernantes se han olvidado de nuestra historia. Parece, además que buscan múltiples motivos para que potencias, como Estados Unidos, sigan ejerciendo cualquier tipo de intervención en Panamá. Los últimos comentarios emitidos por parte de las autoridades del Departamento de Estado y de Defensa respectivamente, dan una muestra fehaciente de los planes que ese país tiene con nuestro suelo patrio. Decir que nuestra Fuerza Pública realiza funciones militares es atentar directamente contra nuestra Carta Magna, es irrespetar a todo un pueblo que día a día lucha por sus derechos y libertades, es una forma de decirnos que nuevamente han de regresar.

Su excusa: la sangrienta guerrilla que vive nuestro hermano país Colombia. La cual ha afectado directamente a Ecuador, Venezuela, y de forma progresiva lo hará con Panamá. Con el poco presupuesto que maneja nuestro país, no podemos corrernos el dudoso riesgo de crear una fuerza militar en nuestra frontera con Colombia. Se cuestiona mucho sobre si un país si ejército pueda defender su soberanía, sin embargo, puedo decir que en Panamá nuestra supuesta “neutralidad” se ha convertido en nuestro ejército.

Seamos serios y realistas, nuestro dinero, el dinero del pueblo, lo que pagamos en impuestos, eso no sería suficiente para dotar a un grupo de hombres con el más moderno armamento militar. Países como República Dominicana, Haití, Nicaragua, Honduras, son países que tienen ejércitos, y viven en un total subdesarrollo y pobreza debido a las grandes sumas de dinero que invierten en sus fuerzas militares. ¿Es eso lo que queremos para nosotros? Aparte de lo alto que está el costo de la vida, ¿queremos pagar más para llenarnos de armas? ¿Qué se supone que traerá de beneficioso una fuerza militar en el Istmo?

Puedo tener mis respuestas a esas preguntas, sin embargo, a todos nos corresponde responderlas. No pongamos nuestra democracia en juego y enfrentemos a aquellos que pretenden olvidarse de la historia.

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Sé que habrán comentarios a favor y otros en contra de lo que he escrito. Pero de eso se trata, si nos quedamos callados no habrá un encuentro de ideas para hacer de Panamá un país mejor.

-Saludos.

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